Si la verdad fuera tan sencilla no pesaría tanto, pronunciarla no causaría tal eco en la vida de cualquiera.
Decir la verdad es como tener un megáfono, en ocasiones descompuesto, que puede lastimarte por un par de días, o tal vez mas.
Decimos la verdad y caemos en pecado, habrá que sufrir la penitencia; ésta será doble si esa verdad va acompañada de su respectiva carga de mentira.
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